Incidencia del mundo invisible en la comunicación

La comunicación y la administración de la energía


Y
a lo han dicho estudiosos de la conducta humana, siempre nos estamos comunicando, aun cuando no usemos la palabra, lo hacemos a través de lo gestual, e incluso con el silencio. Quiero agregar y desarrollar aquí la presencia y la incidencia del mundo invisible en la comunicación.

Muchos somos reacios a incluir en la conciencia lo que no vemos con los ojos físicos, pese a que este ciclo evolutivo invita muy especialmente a su despertar y por lo tanto a incluir progresivamente la percepción de los niveles espirituales de manifestación. Nos referimos a todo aquello que sucede y no se puede ver “mientras” nos estamos comunicando.

Siempre estamos interactuando con energías invisibles, nos demos o no cuenta de ello, y ellas inciden profundamente en nosotros. Actualmente hay un aumento y una intensificación significativa de los campos hipnóticos, ambos hechos los vuelven más notorios. Estos estados afectan tanto el ambiente público y colectivo como el privado e individual.

Con la misma potencia o incluso con una mayor, las fuerzas de la evolución consciente son las que nos ayudan a percibir la perversión del principio mental en el que vivimos, subrayando e incluso amplificando lo involucionado que se encuentra.

Estas energías hipnóticas se vehiculizan en lo público básicamente a través de los medios de comunicación (incluyo el uso de pantallas: celulares, Tablets, computadoras, televisión), de la política, de la educación y de algunos grupos religiosos; todos ellos como ya es sabido buscan manipular los pensamientos, los sentimientos y las acciones de las personas. En este sentido también hay una doble moral inscripta que permite decir una cosa y llevar a cabo otra.

En lo privado estas fuerzas intervienen irradiando a las personas e incluso a los ambientes. Vamos a describir lo que suele suceder en la comunicación con los vínculos y los grupos que interactúan físicamente.

La comunicación en general sobreabunda en palabras, ya sea para tratar de explicar, como para convencer, dominar, etcétera. Y esta es una de las formas más evidentes de cómo perdemos energía. Hablamos por demás. Parece oportuno distinguir claramente la diferencia que existe entre explicar y describir. La explicación muchas veces supone un esfuerzo que se realiza para justificar y para prevalecer, en cambio la descripción transita con mayor naturalidad y busca compartir sin que importe tener razón en el sentido de convencer al otro o a los otros.

La explicación es una conducta puramente mental que se ha hecho hábito en nuestra especie, en cambio la descripción además de compartir una vivencia personal puede ir incluyendo pinceladas del alma. La descripción sumada a otras prácticas espirituales puede ir ayudando a incrementar nuestra conciencia. La explicación navega en lo que ya está realizado y visible, en cambio, la descripción puede ir llevándonos más allá…

Otro modo corriente de buscar ganar energía es tironeando de los demás, pidiendo en forma victimosa (por ej. lamentándose) o victimaria (por ej. amenazando), en ambos casos la conducta resulta manipuladora. Además podemos ser incluso intrusivos con los demás. Por ejemplo: solemos empezar a hablar con alguien para contarle nuestros pesares o para descargarnos sin preguntarle al otro si nos puede escuchar ahorcomunicacion_arta. Una forma de esta comunicación suele comenzar con “no sabés lo que me pasó” e inmediatamente pasar al relato con cierto dramatismo y si tenemos un buen partanaire dirá “vos, porque no sabés lo que me pasó a mí”, de este modo ambas partes tironean de la energía y al competir lo que consiguen es incrementar la negatividad.

En estas formas de comunicación se lucha por ser quien está peor. Incluso la escucha de estos modos de hablar con el otro suelen agotar a uno o a ambos amén de que no producen ningún alivio verdadero, por el contrario, incrementan el malestar y se vuelve necesidad seguir hablando de lo mismo sin saber que la repetición desde esa vibración va engrosando el tamaño de la “dificultad”. En suma, se obtiene lo contrario de lo que supuestamente se busca y se desconoce el efecto negativo de la repetición. En estos casos no se busca elevarse y comprender “para qué” aquello que altera, está sucediendo.

Si se quisiera realmente obtener algún alivio, el camino para conseguirlo pasa por aprender a tomarse las cosas de otra manera. Con esto quiero llamar la atención acerca de nuestro rol activo en aquello que vivimos. Las cosas “no nos pasan” sin que tengamos que ver con ellas. En la medida en que podemos crecer en conciencia advertimos la existencia de la cocreación. Nuestra alma y los niveles superiores de conciencia “conspiran” para originar situaciones que nos puedan motorizar hacia el ensanchamiento de la conciencia que implican el desarrollo del alma y la purificación de la personalidad.

Volviendo sobre la comunicación podemos notar que muchas veces no prestamos demasiada atención a lo que nos dicen, pero simulamos estar haciéndolo, esta conducta nuestra demanda un mayor esfuerzo por parte del otro que trata de “llegar a nosotros”. Si pudiéramos, en estos casos, ser conscientes de nuestro estar a medias podríamos explicitarlo diciendo algo como: “prefiero hablar en otro momento” o “esperame que termine lo que estoy haciendo“ o cualquier otra cosa, esto permitiría corregir el tomar indebidamente energía de los otros que se esfuerzan por tener nuestra escucha.

Muchas veces la comunicación no se completa satisfactoriamente. Quiero hacer hincapié sobre un tramo del intercambio entre una o más personas a la que yo llamo “un paso más”. Muchas veces la comunicación explícita, verbal se interrumpe cuando hay malestar. Cuesta distinguir la molestia que puede generar la forma en que podemos estar comunicándonos diferenciándola de los contenidos. En general lo que “ofende” es la forma. Podemos no coincidir con los contenidos pero lo que molesta más es el modo en que se expresan, a través del juicio, la crítica y con un cierto desamor, desdén. En la forma incluyo y subrayo la irradiación energética. La forma invisible tiene sonido, ritmo, temperatura, latido, velocidad, nubes, intensidad, valga la redundancia tiene “formas”: ellas pueden ser flechas, manos etéricas que empujan, aromas agradables o desagradables, etcétera.

Sin ser alarmista debo decir que tanto en la forma como en el contenido pueden estar actuando a través de las personas algunas energías maliciosas que pueden hacer de los sujetos, sus instrumentos en forma eventual o permanente. Recuérdese que nuestra interacción con el mundo invisible es continua por lo tanto no es de extrañar que si activamos alguna emoción negativa atraemos vibraciones semejantes del mundo invisible. El producto de esta alianza resulta obvio.

Es muy común insistir infructuosamente en la discusión del contenido o bien retirarse, quedando con un malestar variable en su volumen. Si pudiéramos dar “un paso más” expresando cómo nos sentimos por el modo en que nos estamos comunicando es altamente probable que la energía pudiera equilibrarse.

Si se logra un cambio de tono, este tracciona vibracionalmente energías cuanto menos más amables. Esto supondría dialogar acerca de la forma y en todo caso se podrá volver más tarde o en otro momento sobre el contenido. En estos casos la mala administración de la energía corre por cuenta de ambos actores, y siguiendo con esta misma mirada lo descripto ocurre incluso en un grupo.

Para empezar un diálogo acerca del modo de comunicación es importante expresar, si la hubiera, incomodidad, desconcierto, malestar, o sorpresa, etcétera. Agrega valor ser conscientes que compartir cómo nos sentimos resulta ser independiente de las intenciones del otro e incluso del contenido de la comunicación. De este modo no se juzga al otro, solo se muestra el propio sentir. Frente a esta conducta el otro podrá o no tomarla en cuenta y según sea su respuesta se verá entonces a qué distancia uno se quiere ubicar del otro.

Es decir, de acuerdo con la llegada que tenga la expresión de cómo uno se siente, la persona verá: si la tensión se disuelve es probable que pueda retomar la conversación centrándose en los contenidos pero si la tensión no desaparece podrá dar un paso hacia el costado o hacia atrás temporal o definitivamente.

En este contexto es igual de importante poder expresarse así como tener la posibilidad de reubicarse, de elegir a qué distancia queremos estar del otro. Esto aplica a cualquier situación, me refiero a poder estar atentos para vivir en la distancia adecuada, para cada uno, en todo momento.

Veamos qué pasa vibratoriamente si se explicita el malestar: el solo hecho de ponerlo en palabras-sonidos, aglutina y materializa la energía libre y errática; y al hacerlo ésta se condensa y se reordena, las más de las veces, dejando de incomodar. Mediante esta simple conducta la energía tiende a restablecer un equilibrio en nuestro interior, en el espacio de interacción y en el propio ambiente.

En este movimiento habría una conciencia del espacio energético propio y circundante, que al tomarse en cuenta permite actuar frente a cualquier movimiento que se percibe como una invasión a esa “privacidad”. Habitualmente todo esto suele suceder sin que tengamos registro o con un registro parcial. Por su puesto que se puede trabajar para aumentarlo.

Como se verá estamos nombrando situaciones, acciones horizontales entre unos y otros. La realidad es que no somos muy conscientes de otras formas de obtener, de abastecernos e intercambiar energía.

Cada uno de nosotros habita un territorio energético que le es propio y que nos circunda. Las personas sensibles pueden sentir una invasión a este espacio aun cuando no se registre contacto físico. Hablo de una sensación que va de la incomodidad al rechazo, en donde el otro o lo invisible irradian una vibración que no resulta afín y que puede invadir o tironear.

También es interesante mencionar las discordancias que se pueden advertir entre las distintas formas de expresión de las personas. Me refiero no sólo a la congruencia entre pensar, sentir y actuar sino que agrego “irradiar”. Insisto en que esto suele traer sus complicaciones porque muchas veces sentimos malestar pero no llegamos a detectar qué nos lo produce. Frente a esta situación incluso puede pasar que obremos equivocadamente suponiendo erróneamente cuál es el origen del malestar.

 Por equivocado me refiero a cualquier conducta desplazada que exprese malestar, desde protestar por las condiciones del tránsito vehicular, al fastidio por el tiempo que tarda en cocinarse la comida o cualquier otra cosa. Es decir el malestar, por lo general se decodifica, las más de las veces equivocadamente, es frecuente que se desplace, se silencie o se acumule. Ya sabemos lo perniciosa que puede resultar la conducta de almacenar descontento. No queremos estar cerca de nadie cuyo dique de almacenamiento se está por abrir.

Además de la descripción que estamos haciendo queremos sumar la importancia del trabajo interno y de la conexión de lo superior para lidiar con todos estos fenómenos arriba mencionados. Las capacidades de introspección y observación son muy valiosas en general, y en particular para administrar mejor nuestra energía. En lo vincular nos puede ayudar a ir mejorando en qué decir, cuándo hacerlo, para qué expresarnos, en suma, ser oportunos tanto en relación al espacio como al momento apropiado.

Luego están los registros personales lo que nos pasa interiormente. Sensaciones que desoímos, ellas van desde demorar la atención de nuestras necesidades, a la disconformidad con lo que estamos haciendo, cansancio, fuga de energía (que puede suceder en forma súbita).

Decía más arriba que somos infinitamente más conscientes de nuestra relación con espacios y personas visibles. Con frecuencia desconocemos con qué energías invisibles estamos involucrados y me refiero tanto a seres como a energías impersonales.

Este desconocimiento, las más de las veces, genera alianzas inadecuadas, y también se muestra ignorancia a la hora de saber cómo abastecernos energéticamente, tanto para alinearnos como para actuar. Me refiero a que mucho de lo que sucede es involuntario e inconsciente. El solo hecho de saberlo puede ayudarnos a trabajar en pos de reconocer estos movimientos, estar atentos y por supuesto tomarlos en cuenta y obrar en consecuencia.

En este sentido la creación y utilización de un observador interno puede ayudarnos mucho. A la vez que pienso, siento y hago puedo desarrollar interiormente una energía que mira lo que sucede en forma ecuánime tanto lo visible como lo invisible.

El observador es una estructura energética que se desarrolla en nuestro eje. Vale la pena aclarar que puede llevar un tiempo su construcción sólida y la capacidad de poder ser conscientes de ella en todo momento. Ahora bien, en la medida en que se va logrando, los frutos que brinda son tan sobrados que sin lugar a dudas vale la pena emprender su edificación y enriquecimiento.

Silvia Kamienomostki

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