FINITUD e INFINITUD

La finitud no se conoce a sí misma. Se conoce desde la infinitud. Es una dualidad diferente a la lineal, ya que cada una de ellas se encuentra en otro plano. La finitud librada a sí misma sin que esté por detrás o por sobre lo infinito (con algún grado de conciencia) genera el terror, el miedo, la ira, la impotencia.

Sólo se experimenta la finitud en forma diferente cuando el plano superior a ella tiene un nivel de actividad razonable, presencia. Hay una expresión de entrega. Notar la diferencia de estar entregado a la finitud o a la Infinitud. Podríamos decir entrega con minúscula o mayúscula. Si se va volviendo habitual el vivir en la presencia,  lo finito deja de inquietar y se observa su función, que por su propia limitación y frustración, no puede volverse hacia lo Infinito y lo Eterno.

Es con la experiencia con la Infinitud que el alma se vuelve consciente de sí misma. Como una instancia absolutamente diferenciada de lo temporales que son los instrumentos a través de los cuales se vuelve consciente de sí misma.

Y empieza el alma progresivamente a experimentar la Presencia del Espíritu y la Bienaventuranza sintiendo que son ellos quienes la infunden y en cierto modo la guían y la dirigen. Los sacudones, los eventos intensos no son para regenerar al ego son para despertar el alma. El reto, el cometido, el desafío tiene que ver con el alma despierta y presente; con esa posibilidad.

Cuanto más presente y despierta está el alma, en cierto modo importa menos todo lo demás. Cómo es o cómo deja de ser. Cuánto dura, cuánto no dura. La reacción emocional, el pensamiento vano. Encontrar un lugar en donde se materniza, o se experimenta en cierto modo como si fuera lo infantil, lo limitados de los instrumentos terrestres.

Con la conciencia del alma cambia hasta el valor o disvalor que tiene lo que linealmente sucede. Hay una visión de lo errático, aun en aquello que en la linealidad se diría que es supuestamente lógico. Experimentado y visto desde una conciencia mayor tiene mucho de lo errático, de lo laberíntico, de lo enjaulado, de golpearse contra las paredes y esa propia sensación de asombro, esta característica del ego que siempre se ve sorprendido por los hechos, son apenas los estímulos para que se vuelva consciente de lo que está por sobre él.

Cambia algo que tiene que ver con los grados de importancia, por decirlo de una forma. Cuanto más tocamos lo eterno menos nos afecta lo pasajero. Desde dónde hacemos pie para… Es como otro tipo de dualidad. Me doy cuenta o no, hay conciencia o no, pero pertenecen a dos niveles frecuenciales diferentes, no es lo mismo una dualidad dentro de un mismo plano que una dualidad entre dos planos.

Desde ese corrimiento de conciencia hay una visión de circularidad, encierro, repetición inútil. Esta expresión que tanto dice para mí: de este laberinto se sale por arriba, pasamos mucho tiempo tratando de salir del laberinto en forma lineal y horizontal, en el propio plano, con todas las frustraciones y polaridades que eso nos trae y expresa.

Y en ese corrimiento de la conciencia, la linealidad terrestre queda chica y por momentos es incluso absurda. Son tan pocos los gestos o las conductas que tienen alguna gota del infinito y tan apreciada cuando esa gota está. Se trata de pasar del conocimiento intelectual inspirador de posibilidades de la existencia, a tener cada vez mayor contacto con la experiencia en sí que permite incluso una perspectiva 100% diferente.

Dejar de tener intolerancia hacia la finitud y en cambio activar la compasión. Se trata de un amor a la finitud envolviéndola para que pueda conectar y acceder a una Realidad mayor. Todo el tiempo me aparece la visión de los niños, cómo somos los adultos en general con ellos. Una actitud amable, protección, guía, guiño, alegría por sus movimientos crecientes. De algún modo se trata de que los niveles superiores de conciencia parentalicen los inferiores, cuando ellos a la vez lo permiten. Resulta más fácil  cuándo  hay un acceso posible.

Está la Presencia y está la aceptación o el abrirse a ella. Digo Presencia porque es más vasta que el alma, hay distintos elementos que construyen la Presencia, diferenciados, diversos, crecientes, cálidos, frescos, amorosos, potentes, fuertes, determinados. Son  diversas  y entrelazadas y se produce una selección natural que se pone en marcha, según sea la necesidad o situación, se expresa más fuertemente, algún aspecto de estos niveles de conciencia.

Hay un aspecto en la inconsciencia de los instrumentos terrestres en donde hay una línea, lugares, en donde es un puro sin sentido como si fuera la polaridad de aquello que tiene pleno sentido y que es esquivo y puede ser inabordable. “No te dejo entrar”, “no porque no”, cerrazón, que hace inviable la entrada de lo superior en ciertos lugares. Y el giro por momentos es que cuando esos lugares están así y la conciencia gira y quiere empezar, seguir o profundizar un movimiento consciente. Es como si fueran imanes, de pronto se ponen al revés y la energía se va para otro lado. No es una respuesta cualitativa o judicativa sino que se siente atraída la fuerza-conciencia hacia un espacio o situación en donde se puede trabajar, accionar. Que no son situaciones constantes, fijas,  por momentos hay un lugar que adquiere permeabilidad. Pero en buena parte es inestable. Por momentos pareciera que cuando cualquier situación está enredada o anudada es que la propia situación no deja, no permite que lo superior se encargue, muestre, dirija o haga.

Y hay como a veces se percibe una presencia absolutamente paciente, inmóvil. Porta una expresión de capacidad infinita de espera, hasta que sea posible. Hasta que esa parte, mire, quiera, abra, hacia aquello que lo espera infinitamente, eones, incluso la intermitencia, incluso abre un poquito, se olvida, cierra.

Lo inferior trabaja dirigido mayormente por lo involuntario. Muy fuerte esto de la espera Eterna, es una energía de brazos abiertos, que se mueve o no se mueve de acuerdo a lo que se la llama y se le permite. Hay un respeto natural que se expresa en la no intromisión.

– Silvia Kamienomostki.

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