Mirada de Ticeap acerca de las inundaciones en Buenos Aires

En el artículo que escribimos en relación a lo ocurrido con la elección del Papa Francisco describíamos la dinámica de los descensos espirituales: ingreso de energía espiritual y cósmica en la atmósfera terrestre y en las personas. Decíamos que esta energía, cuando toca la Tierra y las personas, genera procesos de transformación, de purificación. Advertíamos también que los procesos de transformación pueden ser más suaves o más contundentes dependiendo de infinitas variables.

El efecto del “descenso” no se hizo esperar y el agua comenzó a hacer su trabajo. Y de nuevo, los acontecimientos además de sorprender (otra vez el factor sorpresa) y generar todos los inconvenientes de público conocimiento, puso en movimiento una acción colectiva de ayuda producto de la posibilidad de “sentir” más próximo al “otro”.

El principio que se está manifestando progresivamente en la Tierra es el de unidad en la diversidad y este principio es el que rige a las almas. En la afirmación de la experiencia mental venimos transitando más bien una etapa de extremo individualismo, de división y de profusa emotividad.

Como es sabido, la mente, en una larga primera etapa, se experimenta como sinónimo de conciencia. Para la mente que se encuentra en ese estadío no existe nada más. Muchos de nosotros venimos trabajando en la diferenciación y articulación entre mente y conciencia.

Con este reciente ingreso de energía espiritual lo que se habilita es la posibilidad de desarrollar una actividad mental en donde la mente busque seguir al corazón y no al revés como veníamos haciendo.

Esta posibilidad de pasaje evolutivo supone dejar atrás un pensamiento emotivo, que en Argentina venía al rojo vivo, y explorar a la vez que habitar una dimensión superior de conciencia que expresa algo más próximo al alma. Estamos posibilitados de aprender a circular por esta instancia en donde mente ya no es igual a conciencia y emoción no es lo mismo que sentimiento elevado.

Otra vez es importante destacar que en la medida que aprendamos a caminar por esta senda y no volvamos a dormirnos podremos incluso a futuro no necesitar de recordatorios tan contundentes ni de limpiezas tan profundas para seguir desarrollándonos.

Además de toda la asistencia material y espiritual que podamos compartir y brindar a quienes son sujetos directos de la experiencia (me refiero a los damnificados por la inundación), la asistencia que podemos brindarnos colectivamente es la de cuidar nuestro despertar de conciencia.

Somos tan proclives a la hipnosis generalizada, a vivir en piloto automático, que es necesaria una gran cuota de voluntad y un contacto frecuente con el anhelo del alma para atravesar esa nube de inconciencia en la que solemos estar sumergidos. Las fuerzas del Universo más evolucionadas pueden asistirnos y acompañarnos pero no pueden hacer la parte que claramente nos corresponde a nosotros. Es tarea de todos y de cada uno no sólo mantener la llama encendida sino buscar acrecentarla tanto individual como grupalmente.

Aprovechemos esta experiencia para trabajar con lo inundado que cada uno de nosotros tiene. Si los campos energéticos son un espacio común que todos compartimos con mayor o menor conciencia, su cuidado es tarea de todos. ¿Y cómo se cuida este bien común? Sabiendo que todo lo que pensamos, sentimos y hacemos revierte en el territorio energético que compartimos.

Gandhi decía “sé el cambio que quieres ver afuera”. Tal parece que sería bueno que todos lo tomemos profundamente en cuenta. Sepamos que todo lo que hacemos se multiplica hasta el infinito, tanto lo bueno como lo malo. Esto quiere decir que lo que vemos afuera (por caso, tanto la elección del Papa como las inundaciones) nos representa a todos. Lo que pasa dentro y fuera de nosotros es una cocreación de todos. En la medida que recordemos la profunda verdad que se halla oculta en esta dinámica nos podremos sentir no solo cocreadores sino responsable inevitables de todo cuanto ocurre.

La buena noticia es que si esto lo cocreamos nosotros también podremos cocrear otra cosa. Podremos, entre todos, recobrar el poder de crear y disolver el desánimo, la ignorancia, la inconsciencia y la hipnosis. Vale la pena reflexionar sobre esto. La dificultad y las limitaciones están tanto afuera como adentro.

Algún maestro dijo una vez que una sola vela prendida es más fácil de apagar que una fogata. Construyamos una gran hoguera entre todos. Si sumamos voluntades, anhelos y conciencia podremos, no solo acoger el futuro que ya está aquí, sino acortar los pasos que nos conducen a él.

Lic. Silvia Kamienomostki

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